Tomado de: http://joveneslbdbuc.blogspot.com/2010/11/la-adiccion-al-dinero.html

Es cada vez más común encontrar en las ofertas de empleo que las organizaciones están utilizando un lenguaje común, que rara vez hace la diferencia; algunas intentan no parecerse a las otras mencionando en sus procesos de selección que a usted se le reconocerá un “salario emocional“.

Familiarizados o no con este tema, es posible que nos suene bien y que nos dé la sensación de que esta vez sí tendremos la oportunidad de estar en un lugar “diferente a los demás”. En palabras sencillas, el salario emocional se refiere a todas esas compensaciones no monetarias que una organización brinda a sus colaboradores, ante el descubrimiento de que el dinero no puede con todo y que factores como la motivación, la lealtad, la productividad y la estabilidad están ligados a la también llamada conexión emocional que se establezca.

¿Funciona?

Sí, es apetecido contar con un horario flexible, con espacios más humanos con nuestros jefes, con la libertad de manifestar nuestros pareceres, con la posibilidad de tener tiempo para los hobbies, en resumen: tener razones invisibles para amar nuestro trabajo; sin duda satisface el hecho de que la organización para la que trabajemos sorprenda con un poco más de lo que esperamos y nos haga sentir seres definitivamente especiales o quitándole romanticismo, seres valorados.

Sin embargo, no sé si sea una visión muy particular al respecto, pero cuanto mayor es el salario emocional, mayor cuidado debe tener la organización de conservar la coherencia. ¿Por qué? ¿De qué me sirve un horario flexible si no me están cumpliendo con lo mínimo: fechas definidas de pago, reglas claras de frente a las compensaciones, herramientas para lograr las metas, igualdad de oportunidades, transparencia frente a las decisiones y un norte claro?

Esas promesas de “salario emocional” pueden caer en el mismo saco de la “publicidad engañosa”, donde peligrosamente el colaborador se va convirtiendo al escepticismo, queda con la sensación de que  “de eso tan bueno no dan tanto” y que tanto beneficio es para ocultar otras cosas que desde la base, deberían funcionar a la perfección. Ni hablar de cuando se quiere disimular la falta de actitud corporativa con el estilo empresarial “atendido por su propietario, ambiente familiar”.

Todo lo anterior es muy diferente a un justo equilibrio entre lo humano y lo productivo. Pienso que más vale rescatar lo básico y sin querer referirme a lo legal, mantener asuntos tan sencillos pero tan primordiales como el respeto a la palabra y a la privacidad. ¿Será que estamos rebuscando estrategias de retención y competitividad, cuando aún no hemos logrado dar en el clavo con lo esencial?

Anuncios