En el corto tiempo (corto para el que espero estar en el ruedo) que llevo ejerciendo mi profesión, he tenido la oportunidad -valiosa para mí- de interactuar con clientes y de vivir en “carne propia” los retos que implica y los cuales se pueden tomar de una forma positiva o negativa, depende de cada quien.

En mi caso, estos son algunos retos que vienen con su respectiva moraleja:

1. Aunque las experiencias sirven para aprender, ningún cliente ha sido igual a otro, cada consultoría es diferente. Esto es importante tenerlo en cuenta para nunca creer que ya se está graduado; siempre que empieza un nuevo proceso hay que utilizar la experiencia pero arrancar con la paciencia, la capacidad de escucha y las baterías recargadas.

2. La relación con clientes (y para mí, todas las relaciones) son una oportunidad increíble de crecimiento personal, no sólo profesional. Muchas son las virtudes que pueden y deben desarrollarse y fortalecerse y desde mi punto de vista, aquí está el diferenciador entre un consultor y otro. No sólo por el clásico de “profesionales muchos, personas pocos” sino porque seguro al cliente le encantará ver interés en aprender; creo que muchas veces es uno el que aprende de ellos, fue un error cuando quise hacerlo ver al revés.

3. Soy un ser humano y mi cliente también. Independiente de las relaciones de poder en las que corremos el riesgo de caer, nunca olvido que tenemos necesidades, diferentes, pero ahí están. Es muy intersante aprender a leerlas y SERVIR. El servicio es fundamental, aquí no lo tomo como una estrategia (aunque lo es) porque pienso que por convicción da mejores resultados, no sólo para el negocio. Muchas veces me encuentro sirviendo en lo personal y desde el ser y luego el proyecto sale bien.

Moraleja: En este caso (como en el post anterior) hay que tener el vaso lleno para servir mejor. Dar de lo que tienes es la clave

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